jueves, diciembre 03, 2009

Historia en 3 actos

jueves, diciembre 03, 2009

Primer acto Una noche antes…

(un niño de tres años durmiendo en una cama amplia, al fondo un escritorio, varios papeles, folders, y una mujer revisando esos papeles. El reloj al fondo marca las once y media de la noche. Da la apariencia que los está calificado. Y revisa constantemente sus notas. La mujer es una maestra que por momentos voltea a ver al niño que es su hijo esperando que no se haya despertado. Suena el celular de la mujer ello lo revisa con extrañeza. Lo lee en voz alta.

Raquel: (con voz de extrañeza, viendo el celular) ¿Por qué no me responde los mensajitos, no se mantenga callada?

(La mujer deja el celular, hace un gesto de incógnita, y voltea a ver a su hijo para ver si no se ha despertado por el sonido del celular. Vuelve a sus papeles y ve la hora, apresura su tarea)

Telón

Segundo Acto. A veces no basta un nombre

(El niño dormido junto a su madre, el reloj del fondo marca las doce treinta de la noche. Un pila de papeles sigue apilada en el escritorio del fondo. Dos lámparas encendidas, una cerca de la cama y otra en el escritorio. La mujer está recostada con los ojos cerrados, pero despierta.)

El teléfono suena.

La mujer no verifica el número, solo lo contesta en la penumbra.

Raquel: ¿Aló?

José: ¿Por qué no me responde a los mensajitos que le envío?

Raquel: ¿Quién habla?

José: No sea así conmigo, no me diga que no reconoce mi voz.

Raquel: La verdad no. Además no tengo saldo en el teléfono como para responder mensajitos.

José: ¿Es usted Raquel?

Raquel: Sí, ¿Quién lo pregunta?

José: Mala por no reconocerme, soy un admirador suyo.

Raquel: Yo conozco a todos mis admiradores. ¿Quién es usted?

José: Soy José del quinto bachillerato.

Raquel: ¡Ahhh! José, pero ¿qué hace llamando a esta hora?

José: Simplemente quería conversar. Saber qué hace. Y entablar una amistad con usted.

Raquel: Pero no cree que es un poco tarde para ello. Digo, a estas horas de la noche.

José: No, para una conversación sobre usted, no es tarde.

Raquel: Usted está bolo ¿Verdad?

José: cómo es conmigo, cómo puede decir eso, no estoy bolo, ¿Por qué dice eso?

Raquel: es que llamándome a estas horas de la noche, no lo hace un hombre sano.

(El niño se despierta y comienza a llorar)

Raquel: Tengo que colgar, mejor vaya a dormirse y nos platicamos mañana.

José: No se vaya.

(El niño rompe a llorar más fuerte, Raquel corta la llamada)

Telón

Tercer y último acto. La revelación

(Dos jóvenes conversan en un salón de clases. Al fondo varios escritorios vacios. Ellos se conversan, pero no se escucha lo que dicen. Por momentos ríen a carcajadas)

Entra Raquel

Raquel: (Se dirige a uno de ellos) José qué tenía anoche.

José: ¿Anoche, profesora? No tenía nada, por qué me lo pregunta.

Raquel: Por la llamada.

José: (con cara de sorpresa) ¿Qué llamada profesora?

Raquel: La de anoche. ¿Estaba bolo verdad?

José abre los ojos con sorpresa, se sonroja y sale corriendo de la escena. Únicamente queda el otro chico, Marco.

Marco: ¿Qué pasó profesora?

Raquel: José me llamó anoche muy extraño. Porque telefoneo muy tarde y por eso pensé que estaba bolo. Dijo cosas bien raras.

Marco: ¿Qué cosas profesora?

Raquel: Cosas raras

Marco: (Rompe en una risa descontrolada) jajajajajajajaja

Raquel: ¿Qué le sucede?

Marco: Lo que sucede es que la confundió. O mejor dicho la confundimos. Ayer José me llamo para pedirme el número de teléfono de Raquel, pero según parece era el teléfono de Raquel Godínez una chica de secretariado. Bueno, yo pensé que era usted, ya que como tenemos un trabajo con usted. Era para pedirle orientación con eso. Jajajajaja. Pero ya veo que no fue así. Él jamás me dijo el apellido, ni para qué lo quería jajajaja

Marco sale de escena retorciéndose de la risa buscando a José

Telón.

domingo, noviembre 29, 2009

Textos Zip XV

domingo, noviembre 29, 2009

Soy un raro árbol. Donde se ocultan los sueños, donde se escapan al cielo. Este árbol nada puede hacer por mantener la cosecha de sueños. Las estrellas bajan a jugar en cada rama. Luego la nada queda entre la nada.


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¿Si escribo sobre ella? Creo que es algo que no puedo evitar estos días. Son días de noviembre.


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Es un alivio escribir sobre ella. Es desaguar toda la impotencia y la ternura que me provoca. Todo aquello que cuando la tengo frente a frente no puedo soltar. Mas allá de un disparo con perdigones de palabras. Y las letras se diseminan entre el espacio que hay entre lo que digo y ella misma. Esa es la suerte de lo que siento. No todo llega a su destino. Mis palabras pierden el norte, el sur, el este y el oeste cuando salen de mi cabeza. En mi pluma ya ni siquiera saben quienes son.


*****

El zoológico no es el mismo sin ti. Las cebras parecen perder su color, los saraguates hacen votos de silencio, el elefante no se pone la trompa, el hipopótamo no quiere comer, los animales hacen huelga; sin ti, el zoo ya no es lógico.


*****

Era mejor que partieras, sí, las huidas no han sido mi especialidad. Principalmente cuando al momento de quebrar una ventana yo era el único que me quedaba a buscar la pelota.


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En las calles en las que anduvimos, dentro de algunos años no quedarán más que una tonelada de escombros sobre nuestras huellas. Y claro, de esa tonelada completa que alguna vez retirarán, encontrarán algunas cosas nuestras. Ya fosilizados deducirán que fue un amor cretácico un tanto tardío. Otros especialistas tomarán la muestra y dirán que pertenece el triásico temprano, demasiado temprano. De allí saldrán debates, foros, conferencias, simposios de grandes paleontólogos tratando de encontrar ese eslabón que les de la luz para saber cuándo de vivió algo tan intenso. Al tiempo, un científico en una gran convención en Viena deduce que fue una época que no se puede clasificar. Que es totalmente nueva. Pero se plantea una interrogante que nadie se había hecho. Que nadie se atrevía a plantear por miedo a nunca saber la respuesta. ¿Por qué desapareció?



Ángel Elías

jueves, noviembre 26, 2009

¿Y la pelota? En las nubes

jueves, noviembre 26, 2009


Antonio es un amigo de la universidad. Hace poco tiempo me contó una historia muy interesante. Resulta que él da clases en una escuela de área rural, a unos niños de una comunidad pobre. De aquellas que al vivir en la capital uno se olvida que existe. Y los chicos según me cuenta, llegan todos, el día cuando se sirve refacción o almuerzo, entonces aquella escuelita se reboza de estudiantes, dispuestos a saciar su sed de conocimiento y de paso saciar su hambre.

Hace poco a sus estudiantes de segundo primaria los invitaron a jugar un campeonato entre escuelas. Fueron cuatro las invitadas y el día del evento sólo llegaron tres. Por lo que uno de ellos pasó por reglamento a la final de esa cuadrangular. Un día antes este amigo le informó a sus niños que debían llegar con una pantaloneta negra y una playera blanca para poder jugar. Esto porque no tiene uniforme para jugar. Los niños supusieron que para jugar no habrían clases por lo que se pusieron felices.

Al día siguiente se presentaron como el profe les había dicho un día antes, de negro y de blanco. Pero con un detalle interesante. Unos llegaron con los zapatos con lo que van a la escuela, otros con botas de hule, otros con calcetines de distintos colores y otros sin calcetines. Un sinfín de detalles distintos entre ellos. Su participación, era en la final.

Al llegar los otros equipos eran del área urbana, todos con uniforme y un colegio con su busito propio. Los del busito con todo y sus implementos deportivos, su entrenador y su pants con el logotipo del colegio para calentar.

Intimidados, para nada, dice mi amigo. El primer partido los chicos del colegio ganaron y debían jugar contra los de la escuela de mi amigo. Su plan para ganar el campeonato era sencillo. Les dijo que el primer gol definiría todo. Que hicieran todo lo posible por ese gol y que después les daría más instrucciones. Y dicho y hecho. En una fortuita jugada sus chicos metieron su único gol. Al medio tiempo le giró, como gran técnico y estratega, la fórmula del éxito. Les dijo: Pelota que vean, pelota que saquen del campo.

Y así lo hicieron. Cada pelota que llegaba con ellos la mandaban a saludar a las nubes. Y por ser la única pelota la que se volaba hasta detrás de las paredes y los alambrados, se detenía el juego y se perdían minutos en irla a buscar. Así hasta llegar el final del partido. Los chicos del colegio se regresaron con el segundo lugar en su busito y los niños de mi amigo Antonio, regresaron corriendo por las calles de aquel lugar, con el trofeo de campeones, el primero para ellos y el único para la escuela.

Ángel Elías

sábado, noviembre 21, 2009

Problemas en la Azotea

sábado, noviembre 21, 2009

En Guatemala las cosas no son como parecen. Los grados de desnutrición son severos. Y hasta crónicos. Muchas estadísticas demuestran que somos un país poco alimentado y por ende poco desarrollado. ¿En vías de desarrollo? Lo dudo. No hay que indagar mucho como para darse cuenta que no hay ni un indicio de desarrollo social o humano. Somos esa sociedad que se sumerge en la vorágine de consumo. Eso no es desarrollo. Contrario a lo que se cree un mall no es desarrollo, ni por asomo. Entonces somos esa sociedad endémica, medio desarrollada. Hay estudios que indican que la alimentación de los niños está carente de nutrientes, que los almuerzos de los guatemaltecos están llenos de chatarra. Que no contiene los nutrientes necesarios. Esto puede explicarse de cualquier manera. La más sencilla es el argumento económico. Y claro, en una sociedad donde no se vive, sino se sobrevive es un argumento sólido. Pero en realidad ¿Cuáles son las consecuencias?

Me temo que una mala alimentación provoca un desarrollo un tanto rezagado de la capacidad intelectual de cualquier ser humano. La alimentación está altamente relacionada con la capacidad de resolver problemas, con la inteligencia. Entonces ¿podemos decir que somos una sociedad mentalmente enferma? ¿Mentalmente retrasada?

Puede que me equivoque y espero que sea así. No puede ser que agreguemos a nuestra extensa lista de carencias una más, la falta de inteligencia.

Aunque conversar muchas veces con amigos no desestimula mucho esta teoría. Es un tanto difícil mantener una conversación seria e inteligente a la vez con muchos amigos. Los pensamientos no pasan más allá de música, autos y dinero. Realmente no hay mucho estímulo.

Y luego nos detenemos a escuchar otra conversación y nos topamos con frases frías, vacuas y sin sentido. Donde el vocabulario no rebasa más allá de 25 palabras. Y el tema simplemente raya en lo estúpido.

Otras veces es preferible quedarse callado y sonreírse con cada tontería que disparan a diestra y siniestra, con todo y tartamudeos. Esto gracias a la incapacidad de coordinar la lengua y el cerebro.

Puede que me equivoque pero el guatemalteco tiene un problema mental, unos más profundos que los otros. Lo atribuyo a la desnutrición crónica sufrida durante su crecimiento. Aunado a ello, una anemia endémica, y desinterés por dejar la condición. Cuya cura espanta a más de alguno. Los libros.

El retraso mental de muchos conciudadanos, y hablo de cualquier esfera, se supera con una dosis diaria de lectura. Estamos raquíticos. Estamos al filo de la muerte cerebral. Lastimosamente se cree que es mejor morir feliz en su pantanosa fantasía, que tomar un libro. Eso porque ¡ala, que hueva, pues!

Ángel Elías

jueves, noviembre 19, 2009

ReCuento

jueves, noviembre 19, 2009

Los recuerdos se forjan en la soledad de la vida,

cuando volteamos y nos damos cuenta

de todo que lo ha pasado entre nosotros

y a pesar de ello sonreímos.



A partir de esta semana en la columna derecha del blog aparecerán frases y entradas célebres, tanto de colaboradores en el blog como de comentaristas. Me he dedicado a indagar y creo que hay comentarios que vale la pena volverlos a leer.

Para abrir este segmento, creo que vale la pena mencionar, Aminta Paiz nos acompañó con su Vida Apasionante por algún tiempo. Es una verdadera lástima que Paiz ya no haya seguido con nosotros, pero creo que donde se encuentre le está dando pasión a lo que hace.

Con ello inauguramos indefinidamente este espacio. Que se lo disfruten….

Ángel Elías

domingo, noviembre 15, 2009

Dos ladrones me encontré

domingo, noviembre 15, 2009

El sábado pasado, dos asaltantes con un arma de fuego me asaltaron en una de las calles de la zona 10 de ciudad de Guatemala. Para ser sincero dudo que ésta estuviera cargada, sin embargo no quise averiguarlo. Eso, sí quisieron golpearme. Aunque yo traté de negociarlo, pero no tenía con qué más hacerlo. Solo me quitaron el celular. Puedo decir que tuve la fortuna, si me hubieran pedido la billetera estuviera contando otra historia. Realmente no llevaba más allá del celular y un libro en la mano. Estos tipos tengo entendido operan de la siguiente manera, en un carro corinto, un Sedán atrapan a peatones incautos y un tanto distraídos, así como yo, y los encañonan. Así que lo único que puedo decir a quienes transitan por las calles de la ciudad de Guatemala, principalmente por las calles del Géminis Mall y Oakland mall, es que tengan precaución. Creo que estaba en el lugar equivocado, a la hora equivocada.

El motivo de la historia, no es quejarme, ni victimizarme. Porque en realidad no me considero víctima, simplemente pasó. Si no una reflexión. En Guatemala, las cosas son curiosas. En el asalto me robaron el celular, trataron de golpearme, me intimidaron, sacaron un arma, únicamente por un celular viejo y mancillado. Pero, nunca se fijaron en el libro que llevaba. ¿En este país no se roban los libros? La invisibilidad por la cultura se da a todas esferas, desde ladrones de poca monta hasta funcionarios públicos. ¿Es que acaso no se puede vender un libro en el mercado negro? ¿No hay consumidores de libros entre este tipo de gente? Y no con ello digo que me debieron quitar el libro, porque a la larga, hubiese sido una gran pérdida. Si no que el ninguneo por este país por ellos.

Básicamente no se llevaron el libro, que estaba visible en mi mano, porque no les importaba, les era estorbo, porque solo querían móviles. Porque la cultura en este país es un estorbo. Nadie puede negar que esto a la larga hace que este país sea habitado y gobernado por trogloditas, asaltantes e iletrados. No es todo mundo por supuesto. Pero una buena parte.

Creo que voy a llenar mi casa de libros para espantar a los ladrones, una fórmula planteada por Raúl de la Horra, en este país no se roban libros. Noticia para todos los quienes invierten en libros, se puede andar en las calles de Guatemala presumiendo libros, sin que estos sean asaltados, es más será un excelente repelente de asaltos. Ya que nunca me habían asaltado y siempre ando con un libro en la mano. O siempre leo en lugares públicos. (¿se puede hacer esto con un celular?)

Creo que del asalto salí ileso. Un tanto perturbado y agradecido porque no se llevaron el libro, que me hubiese tocado pagar. Convencido un tanto que en Guatemala las cosas no cambiarán, no se visibiliza nubes de cambio.

La cultura en Guatemala, se invisibilidad poco a poco. Nadie se interesa en ella. Los pocos que lo hacen tienen grandes obstáculos. ¿Hacer cultura en Guatemala es imposible?

Los ladrones no se llevaron el libro, “Un Viejo que Leía Novelas de Amor”. Bolívar sobrevive a las inclemencias de la selva peruana, ahora sobrevivió al salvajismo guatemalteco. Podemos decir que fue un sobreviviente, en este país de la sobrevivencia. Pareciera que en Guatemala los libros no fuesen ni dignos de ser robados. Una de las peores pruebas la ha pasado. Aunque, en este país tiene una prueba más difícil, que no ha logrado superar. Que alguien lo tome y lo lea. Prueba complicadísima, ¿no lo cree?

Ángel Elías

jueves, noviembre 12, 2009

Sábanas Verdes

jueves, noviembre 12, 2009

Hace algunos días viajé con mi amiga Marilú, una señora de 67 años con quien platicamos de muchas cosas, ella es amante de la poesía, es una mujer muy activa. Tiene una mente tan lúcida que hasta me da envidia. En un viaje del pueblito a la capital guatemalteca me acompañó con una interesante historia que en realidad vale la pena compartirla con ustedes.

Resulta que ella me cuenta que en los primeros días de casada pasó un rato que en su momento le sacaba los colores, pero que ahora le saca sonrisas.

Cuando se casó, a la edad de 16 años, su esposo se la llevó a su casa. Que quedaba en un área rural, rodeada de naturaleza. Ella estaba muy feliz y entusiasmada por su nueva vida. Pero un pequeño detalle, ella no sabía hacer nada. Así es. Ni cocinar, ni lavar, ni barrer, ni nada de nada, por lo menos de los nobles oficios de la casa. Sin embargo su esposo comprendió que con el tiempo la cosa iba a cambiar.

En la primera semana le tocó lavar una sábana, que ella describe como enorme. Parecía que no tenía fin, pero que también era finísima. Pasó toda la tarde luchando con aquella sábana que mas parecía alfombra. Al terminar ya la noche era evidente. Para no resfriarse tratando de colgarla decide dejarla sobre la grama del patio de la casa. ¿Qué le puede pasar allí? Era evidente que nada. Ella se retira para levantarla al otro día.

Al otro día, aquella sábana no estaba. Había desaparecido. Con angustia evidente la comienza a buscar por varios lados. Y no la encuentra. Le pregunta a la dueña del lugar. Ella le dice que no ha recogido nada. Pero, dónde las ha dejado, le pregunta. Las dejé sobre la grama para que se secaran. Ah, dice la aquella señora que cambia de semblante. Y entre risas le dice que todo apunta a que las vacas se comieron aquella sábana.

Mi amiga no sabe donde meter la cara, no volvió con su esposo a mencionar las sábanas. A estas alturas me dice ella, aquellas vacas comieron sábanas finas, limpias y bien blancas, ¡Buen provecho!

Ángel Elías